Una vez más, y ya desde hace 101 años desde que William Willett lo propusiese en 1907 para ahorrar carbón, el próximo domingo cambia la hora legal en muchos lugares del mundo, entre ellos en España. Los relojes darán un salto y nos robarán una hora fijándose en las 3:00.00 tras marcar las 1:59.59. Es curioso. ¿Sabían que no miden tiempo con un reloj normal?
Casi todo el mundo piensa que al decir por ejemplo, 'son las 11', se está refiriendo al tiempo. Pero no es así. En realidad, lo que estamos midiendo es un ángulo. Medimos el ángulo que ha avanzado el Sol en su proyección sobre el horizonte. Y tomamos como referencia el paso del Sol sobre el meridiano correspondiente al observatorio británico de Greenwich. Después, para evitar que el día cambie por la mañana añadimos 12 horas y nos llevamos el ángulo de referencia a las 12 de la noche. Y a continuación, según la longitud de cada lugar y de las conveniencias humanas transformamos este ángulo horario dándonos a nosotros mismos una hora legal que nos facilita la medición del tiempo, pero que no es tiempo. ¿Curioso eh?
A pesar de todo ello, y como parece que el tiempo 'pasa' al avanzar la Tierra en su órbita (gran mentira que la relatividad aclaró, el tiempo no pasa, es una variable más) pues asumimos este ángulo como tiempo, ya que es bastante constante. Y medimos con él, adaptando nuestro calendario para cuadrarlo con los equinoccios. Del calendario hablaré otro día, otro gran desconocido.
Pero, aparte de exponer esto anterior, la intención del post es cuestionar el cambio de hora que se realiza anualmente, en marzo una más y en octubre una menos.
Primero cuestionarla por su base científica. No existe ningún proceso que nos lleve a cambiar la hora en las fechas anteriormente señaladas. El Sol 'crece' a partir del solsticio de invierno, el 22 de diciembre y 'decrece' a partir del de verano, el 21 de junio. Así, tenemos dos períodos bien determinados en los que la cantidad de luz que llega a nuestras latitudes oscila, debido a la oblicuidad del eje de rotación terrestre. Y en medio de ellos dos aparecen dos puntos, los equinoccios, que marcan las fechas donde el día y la noche son iguales para todos los puntos del planeta. Pero... ¿porqué cambiar la hora en marzo y en octubre? Eso produce un período de 7 meses con una hora más y de 5 con el horario 'normal'. ¿Qué diferencia existe entre el Sol de octubre y el de febrero? Ninguna. Salvo la dirección de 'crecimiento'. La energía que nos llega es la misma. ¿Por qué un cambio de hora tan mal establecido?
Segundo cuestionarla por su falta de sentido para ciertas latitudes. Veo normal, que si en lugares próximos a los círculos polares se quieran tener las pocas horas de Sol que el invierno permite centradas en el horario habitual. Y también veo normal que se quieran las pocas horas de noche del verano. Pero esto sólo ocurre de manera importante cerca de los círculos polares (dentro de ellos el Sol se vuelve circumpolar o invisible según la época del año).
Pero en latitudes como la nuestra las horas de Sol sólo oscilan un poco, marcando una diferencia entre el máximo y el mínimo de, en Sevilla, de 9h37m en invierno a 14h21m en verano, ¿qué sentido tiene modificarla?
El resultado es el siguiente. Esta semana, si se levantan temprano observarán que a las 7 ya hay luz. Y por la tarde hay luz hasta las 20. La semana que viene no amanecerá hasta las 8 y el Sol se pondrá a las 21. Pero... ¿quién trabaja a las 21? ¿De verdad se ahorra más? ¿A qué hora trabajan las empresas? ¿A las 8 o a las 21?
Y esta situación se hace mayor si nos vamos a octubre, mes en el que el Sol no sale hasta pasadas las 8:30.
Creo que habría que replantearse esto del cambio de hora. Muchos países de nuestra latitud ya lo han hecho y algunos como el gigante chino ya no cambian la hora. EE.UU decidió también el año pasado recortar este horario de verano y limitarlo a 4 meses.
Aquí tienen los horarios de ortos y ocasos solares oficiales para 2008 en Sevilla
jueves 27 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada