domingo 20 de abril de 2008

Sevilla FC 1 - 4 Almería.

Tristeza. Mucha tristeza. Tristeza y desesperanza. Ganas de que todo acabe. Y la sensación de que el sueño que comenzó cuando subimos desde segunda ha terminado.

Durante 7 años, con más o menos suerte, con mejores o peores resultados, siempre, hemos sido felices. Veíamos a un equipo que poco a poco crecía. Que iba conquistando objetivos. Que se iba consolidando entre los grandes. Este año era lógico pensar que no iba a ser como los anteriores, ya que el listón estaba demasiado alto. Nadie obligaba a conseguir títulos. Sólo se pedía un poco de continuidad, establecernos claramente entre los 4 mejores.

Anoche, tristeza. Tristeza de ver como un equipo, un proyecto se desmorona sin que nadie haga nada. Cansado ya de decir lo mismo, de avisar antes de que llegase el drama. Hundido tras ver como este llega. Y con la desesperanza de pensar que todo ha acabado.

Ver como un equipo pierde y juega como lo hace, teniendo los mejores mimbres de la historia, da pena, mucha pena. Sobre todo porque los jugadores quieren y saben.

Pero todo esto no es más que el resultado de más de 6 meses de ausencia total de ideas y trabajo. 6 meses sin ideas, 6 meses en los que todo lo que este equipo era se ha ido como llegó. Se fue la ambición, se fue el buen hacer, se fue el trabajo, se fue la autocrítica para mejorar...

Y llegaron directamente desde el Arahal el nerviosismo, la locura y la inutilidad.

¿Tan difícil es darse cuenta de que Poulsen no quiere jugar en el Sevilla? ¿Y que no está? ¿Y que no se puede jugar con doble pivote?

¿Tan complicado es seguir con lo que funciona? ¿Por qué se cambia del 4-5-1, que aunque no me guste, funcionaba, al 4-4-2? ¿Manda más Luis Fabiano que el de El Arahal?

¿Hace falta suicidarse dejando un sólo defensa en el campo? ¿Era necesario?

Hacía años que no veía un entrenador tan desquiciado, con tal falta de ideas y que haga tan mal las cosas. Tanto cuando gana como cuando es vapuleado como anoche.

Tristeza. Esperemos que se vaya lo antes posible y que alguien nos devuelva la ilusión.