Eran finales de 1993. Habían pasado 85 años desde que Ernest Rutherford probase experimentalmente la existencia del núcleo atómico en su laboratorio de la universidad de Manchester. Durante 85 años la física nuclear se había desarrollado por completo. No quedaba nada natural que estudiar, al menos, que existiese. Pero quedaban preguntas por resolver, teorías, muchas, por probar y sobre todo, nuevos caminos por abrir.
Llegaba al CERN (Consejo Europeo para la Investigación Nuclear) un proyecto nacido de la necesidad de comprobar toda la teoría escrita. El proyecto tenía un objetivo claro. Aplastar protones a tanta energía que se desintegren en partículas fundamentales. En mente, conseguir que el resultado fuese lo más parecido posible a los primeros momentos tras el Big-Bang.
Desde 1989, había estado funcionando en el mismo CERN, un acelerador llamado LEP que había dado muy buenos resultados. Se habían hecho chocar electrones con positrones a energías de hasta 45 GeV. Pero el proyecto era muchísimo más ambicioso. Se trataba de hacer impactar partículas 2000 veces más pesadas a energías 10000 veces más altas.
Lo único que se tenía, era el túnel para construir el acelerador. Durante los últimos 15 años, ha sido necesario un esfuerzo enorme para concluir el proyecto. Desde la tecnología a utilizar hasta la simple recopilación de datos, eran problemas difíciles de solucionar en 1993. Pero todo el mundo estaba convencido de que el proyecto tenía que salir adelante.
15 años más tarde, gracias al trabajo incesante de científicos e ingenieros, sin olvidar a los que con sus manos y su fuerza han construido el acelerador, el proyecto está concluido y el LHC dispuesto para ser puesto en funcionamiento.
Desde el principio se sabía que el principal problema eran los imanes. Es decir, el problema era conseguir imanes suficientemente intensos como para desviar las partículas y conseguir que estas recorriesen todo el acelerador de forma conveniente. La evolución de los superconductores daba una solución eficiente pues se conseguían imanes permanentes de intensidades altísimas sin demasiados problemas. El problema: los superconductores a utilizar necesitan una puesta a punto a -271 ºC. O lo que es lo mismo, a 1.9K. Cómo conseguirlo. Helio líquido. Ingentes cantidades de helio. Entre los imanes y el helio, se ocupan el 75% del total del presupuesto invertido, que suma más de 2300 millones de euros.
Por otra parte, el extraordinario desarrollo de la informática en los últimos años, ha disipado las dudas que se crearon al pensarse que no se podrían acumular los datos que los detectores recogiesen. Hasta 10 Tb diarios de datos se generarán tras pasar un filtro que elimina más de la mitad de los datos que no son útiles. 15 años más tarde la tecnología existente permitirá realizar el experimento sin riesgo de perder información valiosa.
Todo a punto, el 1 de agosto de este año tras completar la puesta a punto de los imanes, se comenzaba con las primeras pruebas con haces de partículas. Mañana se pone en marcha, en régimen de baja energía el LHC, el mayor laboratorio construido por el ser humano.
Se podrá ver en directo mediante un webcast en la página del CERN a partir de las 9:00 de la mañana. http://webcast.cern.ch/index.html
Esperemos que todo salga como es debido y que la fama que ha obtenido durante estos últimos meses por su supuesta peligrosidad se transforme en reconocimiento como lo que es, el mayor experimento de la historia del ser humano.
lunes 8 de septiembre de 2008
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